Santa Rosa de Quives. Campo en la ciudad

Lejos de la capital limea, a tan solo una hora, ingresando por el valle del Chilln, una campia de abundantes frutales y aire fresco se asoma: Santa Rosa de Quives.

Hace un tiempo lleg a mis manos una revista sobre nuestros patrimonios naturales, y me pregunt: cmo las imgenes pueden trasladarnos mgicamente a lugares lejanos?, cmo las palabras pueden llevarnos en un instante a los ms recnditos rincones del pas? Incitado despus de aquel cuestionamiento enrumb hacia Quives.

Alejados del bullicio y del desorden, una carretera estrecha nos conduce al ambiente rural. Amplios valles costeros abren paso a la Cordillera de los Andes. El camino va dibujando paisajes que resultan cada vez ms bellos y remotos. El verdor del pasto, las montaas y cataratas, describen el lugar donde sera muy agradable un relajante da de campo.

Un pintoresco pueblo que atesora la capilla de piedra donde vivi la Patrona de Amrica, Santa Rosa de Lima, nos recibe.

Sus angostas callecitas, con casonas antiguas de tradicionales techos a dos aguas, nos trasladan a otro tiempo, convirtindonos en protagonistas de una postal costumbrista.

Aqu hay mucho ms que echar una miradita al pozo de los deseos, aqu hay un reencuentro espiritual donde el televisor y el Internet son superados en beneficio de una calma temporal, lejos del mundo vertiginoso en que vivimos.

Aqu reina la pachamanca y la trucha, con enigmas del pasado regados en tres destinos imperdibles de Quives, uno es, por supuesto, la ermita de Santa Rosa, donde se atesora las ansias de miles de fieles que dejan sus deseos cada ao.

El segundo es Yaso, un pueblito que tiene un rosario de balcones de diversas formas, diseos, colores y tamaos, brindando un encanto especial al pueblo.

La cereza de la torta son los petroglifos de Checta, quinientos dibujos y diseos muy antiguos grabados en las rocas que rescatan nuestra cultura y no las dan a conocer. Y una ribera del ro Chilln, como fuente atractiva para el turismo.

Son lugares cargados de misterio que embellecen el da; tanto que al llegar al sauna del Hotel Libertador no pienso ni un minuto en empezar a imaginar mi prxima ruta.

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